Tijuana.- Cada 15 días, Fernanda y su familia salen de su casa, ubicada en el poblado de San Vicente, al sur de Ensenada, a eso de las 3:00 de la madrugada, para emprender un recorrido de más de tres horas rumbo al Centro Oncológico Pediátrico en Tijuana.
Es día de quimioterapia, pero a la pequeña de tres años le emociona saber que va a ir al hospital de la Fundación Castro-Limón (FCL), ya que cuenta con una ludoteca en donde puede jugar mientras le suministran el medicamento.
Desde que llegó a la Fundación, hace un año y medio, a sus padres no les han pedido un solo peso, ni se le ha suspendido el tratamiento, gracias a los donativos que hace la población, empresarios, padrinos y benefactores.
Sin embargo, ante la imposibilidad de organizar eventos masivos y de mantener el ritmo de la recaudación, la Fundación Castro-Limón (FCL) lanzó la campaña “Baja California con Quimio”, cuya meta es reunir fondos para costear 400 quimioterapias para 69 pacientes, que van desde los tres meses de edad hasta los 18 años.
Cada quimioterapia tiene un costo promedio de 5 mil pesos, que contempla desde el medicamento, hasta los honorarios médicos y de enfermería.
Fernanda es una de las pacientes más pequeñas del Centro Oncológico Pediátrico.
Su padre, Carlos Castillo, recordó que sus síntomas aparecieron de manera repentina, fiebre, malestares, que derivaron en el diagnóstico de leucemia.
La pequeña tenía apenas dos años. Cuando fue ingresada al Centro Oncológico Pediátrico todavía no sabía hablar; ahí ha pasado casi la mitad de su vida, entre estudios, quimioterapias y revisiones médicas, todo sin costo para la familia.
“Cuando nos abrieron las puertas de la Fundación, empezó a cambiar todo, empezó a llevar su tratamiento ya bien”, explicó.
Al poco tiempo llegó la pandemia, lo que cambió la dinámica familiar y los protocolos de atención en el hospital oncológico.
El padre de Fernanda reconoció que hubo preocupación, porque sabían que se suspendieron todos los eventos para recaudar fondos, como las carreras.
“Somos una familia aquí, todos tenemos el objetivo de salvar a todos los niños. Claro que le da temor a uno, porque miras que allá, en otra parte, los niños no tienen para las quimios, que no hay medicamento en tal hospital y aquí, a pesar de la pandemia, lucharon y salieron adelante”.
Por eso, aseguró que a donde va, trata de explicarle a la gente la labor que hace la Fundación, para que tengan la confianza en que el dinero que donan va a los tratamientos contra el cáncer infantil.
Platicó que es muy duro ver que un hijo, y sobre todo a tan corta edad, tenga que luchar contra el cáncer, como también el hecho de ver que otros pacientes se complican.
“El temor lo tienes día a día con esto, el temor de ver a los niños sufrir, es lo más duro. Si ver a cualquier niño sufrir es duro, pero ver sufrir al tuyo es peor… y por cáncer”.
De acuerdo con los médicos, Fernanda está respondiendo al tratamiento contra la leucemia, además de que crece y se desarrolla de manera normal.
Su padre la describió como una niña muy fuerte, inteligente, risueña, carismática.
“Es mi orgullo, simplemente con verla, se gana el cariño de la gente”. Cuando están en su casa, llora porque pide que la lleven al hospital, “quiero ir a la ludoteca a jugar” y para estar con el personal, a quienes consideran familia.
Mientras Carlos contaba su experiencia a PUNTO NORTE, la pequeña Fernanda estaba a punto de terminar su quimioterapia.
Al abrir la puerta del área de hospitalización, acompañada de su mamá, corrió a abrazar a su papá.
Era hora de regresar a casa, otra vez hacer el recorrido de más de 200 kilómetros hacia San Vicente, Ensenada.
En cuanto salió por la puerta y vio la luz del sol, solo dijo “qué bonito día”.









































