Tijuana.- Para los socorristas de Cruz Roja Tijuana, lo visto durante la pandemia marcó un antes y un después. Y es que, acudir a cada servicio relacionado con una emergencia respiratoria, era enfrentarse a un poderoso virus y desafiar a la muerte, pero también llenarse de impotencia y frustración cuando no encontraban camas de hospital para los pacientes.
Previo al COVID-19, el punto de quiebre había sido 2006. Tan peligroso era atender a heridos de bala, producto de pugnas entre la delincuencia organizada, que se creó un protocolo para seguridad de los paramédicos.
Hasta que el área estuviera bajo resguardo de alguna corporación, podían entrar a iniciar con las maniobras.

En el marco del Día Internacional del Socorrista, el coordinador de los paramédicos de Cruz Roja Tijuana, Juan Carlos Méndez Torres, señaló que ejercer esa actividad en una ciudad tan compleja, ha elevado el nivel de riesgo, pero también de preparación para poder enfrentarse al COVID-19.
“Los últimos días de febrero o primeros de marzo del 2020 fue una fecha que marcó a la delegación de Tijuana, fue cuando atendimos al primer paciente con la enfermedad relacionada con el COVID”, recordó.
Aunque tenían un protocolo de atención, reconoció que no tenían la experiencia y eso derivó en el contagio de una parte del personal; solo uno requirió ser ingresado a cuidados intensivos, quien se recuperó.

El virus los obligó a capacitarse conforme se iban teniendo nuevos datos sobre la enfermedad, pues no les resultaba lógico atender a pacientes con menos de 50 por ciento de oxigenación, cuando decenas de veces habían luchado por mantener a heridos de bala y accidentados por arriba de 90.
“Al ver saturaciones tan bajas nos sorprendió, eso nunca lo habíamos mirado, con niveles de saturación impensables, jamás nos hubiéramos imaginado verlo”.
Les parecía inverosímil, como una escena sacada de una película de ciencia ficción.
“Tuvimos que aprender, tuvimos que adaptarnos y tuvimos que seguir atendiendo servicios de emergencia”, explicó, “yo creo que es un número que si no me equivoco, nadie en el país, me atrevo a decirlo, lo ha atendido”.
Durante el fatídico 2020 atendieron tres mil 990 servicios relacionados con emergencias respiratorias o asociadas a COVID-19. Tan solo en diciembre se registraron mil 66.

A diario, socorristas acudían a los domicilios a estabilizar a pacientes graves y proponer el traslado a un hospital, pero se toparon con dos escenarios catastróficos: el de los pacientes que se negaban a ser llevados a un hospital por temor a morir solos o a “contagiarse” y el de los pacientes que morían en la ambulancia, en espera de una cama de hospital.
“Cuando no había hospitales que los pudieran recibir, creo que eso fue la mayor frustración de muchos de nosotros, que teníamos que inclusive esperar horas. Nos tocó personas que perdieran la vida arriba en nuestra ambulancia, esperando un hospital receptor”, expresó.
Dijo que lamentablemente eso pasó, “es una situación muy triste, pero sí dejó una marca en muchos de nosotros, es una situación que se estuvo viviendo y que fue una realidad”.
Méndez Torres indicó que los paramédicos se colocaban su equipo de bioseguridad, llegaban al lugar del reporte, hacían toda la labor para estabilizar al paciente durante el traslado, “y llegar y no, no se puede, no hay (cama), llévatelo a otro (hospital), eso fue lo que en algún momento más desmoralizó al personal”.
En las últimas semanas el número de llamados ha bajado de manera considerable. En lo que va del 2021, hasta el 23 de junio llevan 18 mil 140 servicios, de las cuales mil 411 son emergencias respiratorias, la mayoría en enero.
La ventaja es que saben cómo abordar ese tipo de casos.
“Ahora ya sabemos qué hacer y tenemos la experiencia para manejar a estos pacientes, los muchachos se han portado a la altura”.

Reconoció que ser paramédico en una ciudad tan compleja como Tijuana representa un reto mayúsculo en comparación con muchas delegaciones de Cruz Roja, además de que se hacen cargo del 99 por ciento de los servicios médicos prehospitalarios de urgencia.
“Con quien hemos platicado de otras ciudades se sorprenden de la cantidad de emergencias que atendemos al día, 100, 120, inclusive días tope que hemos atendido las 150 emergencias”, indicó, cuando en sus delegaciones atienden uno o dos por día, o cuando mucho 10 por semana.
En 2020, la institución registró 41 mil 398 servicios en total, mientras que en 2019 fueron 43 mil 690.

Amenazas y agresiones
Por los niveles de violencia que se registran en la ciudad, paramédicos no han estado exentos de sufrir las consecuencias.
Apenas el pasado martes por la noche, acudieron a atender a una persona herida de bala, que los agredió e insultó, por lo que tuvieron que retirarse del lugar.
“La persona lesionada se negaba a recibir atención médica y agresiva hacia el personal, pero no es la primera vez, ha habido múltiples ocasiones, además de agresiones verbales han sufrido agresiones físicas”.

Méndez Torres indicó que se mantiene el protocolo para tener asegurada la escena y que los socorristas puedan entrar.
De igual forma se evita el uso de equipo que se confunda con el que utilizan las corporaciones de seguridad pública y piden a los paramédicos que siempre estén debidamente identificados.
“En un servicio de alto impacto siempre hay que mantenernos alertas, son condiciones que pueden cambiar en cualquier momento; es uno de los principales servicios que atendemos”, precisó, mismo que se ubica entre la cuarta y quinta causa de salida de una ambulancia.

El coordinador de socorristas indicó que los tiempos de respuesta se han visto rebasados con el crecimiento de la ciudad y con la cantidad de vehículos que circulan, “sin embargo, es la capacidad de respuesta que al momento tiene la Cruz Roja de Tijuana, que día a día buscamos mejorar”.
Acerca de la incorporación de nuevos paramédicos, destacó que pese a las condiciones que se viven en la ciudad, cada año forman a entre 20 y 40 técnicos en urgencias médicas.
La fuerza de tarea de la institución es de 106 elementos, entre paramédicos, radio-operadores, personal del cuerpo de mando y supervisores.









































