Tijuana.- A Giovanni lo persiguen las imágenes de la tragedia del pasado 8 de junio, en donde perdió la vida su hermano Moisés y él, parte de su brazo derecho.
A Estefany, el dolor y los recuerdos de los últimos momentos que vivió su hermana, Sheyla, cuando el camión en el que regresaban tras un paseo de la empresa Coco Beach volcó en Rosarito.
A la par del duelo, afirman que han enfrentado al abandono de la discoteca, la cual los apoyó en los primeros días, pero que no se ha hecho cargo de todos los gastos médicos de quienes sufrieron lesiones y amputaciones.
Del “cuentas con nosotros” y “conmigo siempre vas a tener trabajo”, pasaron a dejar de contestarles las llamadas.
Mientras que del dinero que han recaudado en diversos eventos, no les ha llegado nada.
Ante esta situación, un grupo de trabajadores se presentó en la Secretaría del Trabajo y Previsión Social (STPS) para exigir que se cubran los gastos médicos.
La respuesta vino en forma de reclamo por parte de los abogados de la empresa, quienes cuestionaron “¿por qué hicieron esto tan grande?”, pues según ellos sí han atendido a las víctimas.
Giovanni López reconoció que la empresa pagó los servicios funerarios de su hermano.
Después de eso, recibió ayuda económica para pagar un mes de renta y fue llevado a una clínica privada para ser atendido del brazo, pero presenta necrosis y corre el riesgo de que le amputen otra parte de su extremidad.
La única vez que el dueño lo buscó fue cuando estaba hospitalizado. “Él me dijo que confiara en él, que no me iba a dejar abajo, que yo siempre iba a tener un trabajo con él”, indicó, pero la actitud dista mucho de las promesas.
“La verdad, al principio ni siquiera quería pelear, porque nada me va a devolver a mi hermano. Mi hermano y yo éramos muy unidos, todo el tiempo estábamos juntos, o mandándonos mensajes”.
“Yo no imaginaba perder un brazo. Nadie se imagina que va a salir y va a perder su brazo”, expresó.
Ahora “me tomo como 16 pastillas diarias, antibióticos, analgésicos y todo eso”.
Cuando la situación lo abruma, piensa en Moisés, que si estuviera con vida le daría todo su apoyo.
Giovanni, quien era bartender, recordó que no querían ir al paseo, ya había avisado que no acudiría, pero fueron obligados. A quienes se negaran, les iban a cobrar los viáticos y la entrada al lugar, además de que los descansarían durante dos semanas.
“No les voy a mentir, me divertí. Antes de subirnos al camión otro amigo le dijo (a Moisés) ¿cómo te la pasaste?, y mi hermano le dijo, me la pasé bien, me la pasé ‘a toda madre’, nos subimos al camión y se quedó dormido”.
La siguiente escena que salta en su cabeza es la de su hermano tendido a sus pies, muy malherido. Ya había fallecido.
“Perdí muchas cosas ese día”
Giovanni va a requerir una prótesis, que cuesta alrededor de 1.2 millones de pesos, además de las terapias de rehabilitación. Y no es la única secuela física del accidente.
Sus hijos necesitan atención psicológica. “Vieron salir a su papá salir del hospital sin un brazo, hoy te vas completo y de repente regresas y ya no tienes un pedazo de cuerpo”.
Indicó que su esposa ha llamado por teléfono al dueño decenas de veces, pero no le contesta.
Por eso le indigna que abogados de la empresa les hayan reclamado por haber recurrido a las autoridades laborales, “nos dijeron que por qué estábamos haciendo esto más grande, yo me paré y le dije esto fue grande desde la primera persona que se murió”.
“No hay días buenos”
En casa de la familia Rodríguez Maldonado han sido días sumamente dolorosos. A Sheyla Nayely, una joven de 19 años de edad que falleció en el accidente, le lloran su madre y su hermana.
“Emocionalmente hemos estado muy mal. No hay días buenos, pero sí mejores que otros, hay días que de plano estamos súper mal”, relató Estefany, quien trabajaba como bar tender.
De hecho, al regreso del paseo, ella iba al lado de Moisés y su hermana iba al lado de Giovanni en el camión de la empresa Coordinadora de Viajes Turísticos.
“A veces siento que es mentira todavía, que mi hermana va a estar ahí, que va a regresar. Me tocó ver todo, yo venía dormida, no sé si me desmayé, pero cuando reaccioné lo primero que hice fue buscar a mi hermana y sí la encontré, estaba muy mal, ya no tenía vida”, relató entre lágrimas a PUNTO NORTE.
La empresa Coco Beach cubrió los gastos funerarios, pero no se les permitió elegir una funeraria, “era donde ellos quisieron, si no, no se hacían responsable de los gastos”.
Después las buscaron para darle seguimiento a la denuncia en contra de la empresa de transporte, “pero fue una burla”.
La joven ya no confía en la empresa, ni en la supuesta ayuda psicológica que les iban a dar; ni siquiera se han asegurado si tienen para comer.
“Fue obligatorio, nunca quisimos ir a ese viaje, nosotras dijimos que no íbamos a ir y nos dijeron que nos iban a castigar. A mi hermana le dijeron que tenía que pagar de 220 a 250 dólares si no iba, por los gastos que iba a tener la empresa”.
Afirmó que a ellos “no les importan los empleados, lo sé, trabajé ahí, para ellos es lo de menos, pero se me hace una injusticia porque mi hermana falleció”.
Desconoce cómo es que algunos empleados aparecieron registrados en el Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) un día antes de la tragedia, pues no se les avisó y nunca les habían ofrecido asegurarlos.
“Los fallecidos no aparecen dados de alta, solo los que sufrieron mutilaciones”.
Para los empleados que padecieron lesiones y amputaciones lo justo es que se les apoye con los gastos en su totalidad, porque no pueden trabajar. También con el tratamiento y con las prótesis para que puedan más adelante buscar un empleo.
Volver a los negocios de la empresa Coco Beach ya no es opción.
“No me he sentido bien para trabajar, estamos hablando que ese es un lugar de fiesta, siento que yo no estoy para eso en estos momentos”, expresó Estefany, “es una estupidez que ellos digan van a tener su trabajo siempre”.










































