Tijuana.- Antes de la llegada del COVID-19 a Tijuana, Inés Rodríguez se dedicaba a su trabajo como ingeniero industrial en una maquiladora de productos médicos y a su familia.
Ni su nombre, ni su actividad estaban relacionadas con el sector salud. Tampoco conocía médicos, ni enfermeras.

Sin embargo, desde que se confirmó el primer caso de coronavirus en Tijuana y sobrevino la incertidumbre y el caos, no pudo quedarse cruzada de brazos y comenzó con una iniciativa para movilizar a la sociedad.
Es creadora del grupo Tijuana vs COVID-19 y después del grupo Tijuana vs COVID 2021 Oficial, a través de Facebook.
El primero llegó a tener hasta 34 mil miembros y el segundo tiene 28 mil, entre médicos, personal de enfermería, paramédicos, proveedores de insumos médicos y ciudadanos que se enfrentaban a la enfermedad o que querían saber más sobre el virus.
“Yo ya sabía por mi trabajo que el COVID venía para Tijuana, tengo compañeros de trabajo que están en Italia, en Francia. Te agarra el miedo, empiezas a ver y a tratar de prevenir”.
Recordó que en el chat de padres de familia del colegio de sus hijos solicitaron cajas de acrílico para cuando intubaran a pacientes, porque en ese momento podía darse el contagio al personal de salud.
“En marzo del 2020 no había los suficientes equipos de protección para los médicos, era un miedo, luego se fue dando el crear el grupo de Facebook, compañeros de trabajo, papás del colegio cooperaron, logramos hacer 42 cajas de intubación y las repartimos en todos los hospitales”.
Cuando tuvo ese acercamiento, vio que la necesidad era mucho mayor, por lo que empezaron a buscar proveedores de cubrebocas, trajes tyvek, googles y otros insumos, fuera del país.
Esto representó un doble reto, pues había desabasto y apenas empezaban a fluir los donativos.
“Decía yo: si se me muere un médico, se me muere un enfermero, ¿quién nos va a curar?, no había ni caretas, entonces las empezamos a fabricar desde cero y empezamos a hacer cápsulas para ambulancias”.
Autoridades de salud pidieron al grupo que los donativos se hicieran de manera directa, pero tomaron la decisión de ponerlas en manos de algún trabajador y asegurarse de que las repartiera, pues en aquel momento solo había equipos para quienes estaban en áreas COVID; el resto tenía que pagarlo de su bolsa.
Mientras tanto, el número de miembros fue creciendo de manera exponencial.
Inés Rodríguez recordó que el miedo a una enfermedad desconocida y mortal, que aislaba a los pacientes en el hospital, los llevó a dar el siguiente paso, que fue gestionar el envío de cartas y adquirir tabletas electrónicas para que las familias pudieran por lo menos despedirse.
Cuando aumentó el número de contagios, también orientaron a los familiares para que encontraran desde tanques de oxígeno hasta una funeraria y desalentaron las prácticas abusivas de quienes pretendían lucrar con la pandemia.
“Creamos una lista de proveedores, información así bien básica, que al final de cuentas servía para todos y era para que no batallaran, porque en el COVID es muy importante el tiempo”.
A la par, se creó una comunidad médica para resolver las dudas de los pacientes, sobre todo ambulatorios, aunque siempre el llamado fue que acudieran a hospitales antes de que la oxigenación bajara a niveles peligrosos.
“Muchísimos médicos empezaron a entrar al grupo, enfermeros, era ahora ayudar a los pacientes cuando el COVID ya estaba en tu casa. Toda la información que compartimos en el grupo es confirmada, yo pedía la autorización a un médico, no la podía postear, porque yo ni una inyección sé poner”, indicó, tras reconocer que tampoco conoce el Hospital General de Tijuana por dentro.
La nombran “Tijuanense de corazón”
Aunque estaba haciendo trabajo desde casa, la activista comentó que le absorbía mucho tiempo el estar al pendiente del grupo y resolver dudas o canalizar a pacientes a un médico.
El tiempo que podía dedicarlo a su familia lo enfocó a la lucha contra el COVID. Y el desgaste emocional llegó.
“Me afectó hasta que llegamos a los 15 mil miembros, por ahí de noviembre. Me despertaba súper temprano y me dormía muy noche, era a puro contestar mensajes”.
Incluso llegó a sentir que la vida de algunos pacientes dependía de ella, pues si no les proporcionaba información sobre el llenado de tanques de oxígeno, esa persona podía morir en su casa en el transcurso de la madrugada.
“Pensaba: si no contesto, se me van a morir las personas, sentía bien feo, tengo la información y que no la dé, no es justo para el paciente, pero un doctor me dijo que me tenía que tomar un descanso”.
Una noche crítica, recordó, fue cuando se descompuso la máquina para llenar tanques de oxígeno de uno de los principales proveedores, “fue muy dura esa noche, decía: se me va a morir la gente”.
Hubo veces en que, como parte de las gestiones para saber cómo se encontraba algún paciente, se enteró del fallecimiento antes que los familiares, “no les quería yo dar la noticia, les decía que en el hospital querían hablar con ellos, que fueran”.
Después se apoyó en moderadoras, que asumieron el papel con mucha responsabilidad, pues recordó que no es cualquier grupo de Facebook, como los que son dedicados al ocio.
Rodríguez comentó que también le afectó saber que padres, madres, hermanos fallecieron, pese a que se le dio la orientación.
“Tengo tantas historias en el Messenger, pero no me daba tiempo de comprender que había fallecido una persona, que me estaban agradeciendo por la ayuda, a mí me cayó el veinte hasta enero, que había ayudado a salvar vidas”.
Por esta labor, María Inés Rodríguez Pasillas, oriunda de Tijuana, fue nominada al premio “Tijuanense de corazón”, que entrega el gobierno municipal con motivo del 132 aniversario de la ciudad.
“A veces lo difícil es reunir a la gente, quería ayudar y no sabía si había un lugar para ayudar. Este grupo es lo que ha hecho, toda esa gente que tiene ganas de ayudar se unió ahí”.
Reconoció que sí ha sido un gran esfuerzo y ha entregado mucho de su tiempo, pero el aprendizaje ha sido invaluable.
“Me ha dejado el pensar que puedo ser una gran persona y cualquiera lo puede ser, yo animo a todo mundo a que haga este tipo de cosas. Esta pandemia vino a sacar lo bueno y lo peor de cada persona, afortunadamente los 28 mil que están ahí en el grupo son pura gente de buen corazón”.
No descartó que este mismo esfuerzo pueda hacer que Tijuana baje sus índices de violencia y adicciones.
En las últimas semanas el grupo se ha enfocado a difundir los puntos de vacunación, tiempos de espera, así como la información relacionada con los efectos secundarios y artículos con base científica para incentivar a la vacunación.
Con su asesoría, se han creado esfuerzos similares en Guanajuato, Ensenada, Tecate y Mazatlán.
Actualmente están ayudando a replicar este modelo en Los Cabos, que ha sido azotado por el COVID y las nuevas variantes, con lo que esperan evitar muertes.










































