Tijuana.- Tuvo que transcurrir un año y ocho meses para que 22 nuevos salvavidas pudieran graduarse y obtener un certificado por parte de la Dirección de Bomberos, que los acredita como parte de la división de rescate acuático.
Son, hasta ahora, la generación que más tiempo llevó capacitar, debido a la pandemia, lo que significó un reto para capacitadores y alumnos, quienes no abandonaron su objetivo, por ello lo emotivo de la ceremonia.
Además de que, una de las graduadas, Melissa López Pérez, no pudo estar presente por cuestiones de salud, a quien le dedicaron este logro colectivo y le mandaron decir que la estarán esperando en la playa para realizar rescates y prevenciones.
De acuerdo con el jefe de la división de Rescate Acuático, perteneciente a Bomberos, Juan Hernández Guiñán, la aparición del COVID-19 fue lo que demoró las tareas de capacitación.
Hubo momentos en que los entrenamientos fueron esporádicos, lo que dependía del semáforo epidemiológico, “por eso se alargó este proceso”.

Recordó que el objetivo es contar con más elementos para que apoyen con la vigilancia de las playas de Tijuana, que son muy complejas y peligrosas para los bañistas.
“Sabemos que cada vez llega más gente a la playa y requerimos de más personal”.
Los nuevos salvavidas podrán incorporarse en el esquema de contratación temporal en el verano, o bien como voluntarios.
Con esta adición de 22 elementos, Tijuana tendrá 63 voluntarios en total.
La alcaldesa, Montserrat Caballero Ramírez, reconoció el esfuerzo que hicieron para llegar a la meta, “a pesar de la pandemia, a pesar del cansancio, a pesar de todos los sinsabores que esta noble carrera lleva consigo”.
Destacó que al hacer su labor ponen en riesgo su vida por salvar la de otros, porque tienen la vocación de servicio y la disciplina, “la recompensa de salvar vidas no la tiene cualquiera”.
El director de Bomberos, Rafael Carrillo Venegas, mencionó que se trata de la generación número 23, que inició curso antes de la llegada de la pandemia, por lo que tuvieron que parar las capacitaciones y retomarlas hasta que hubiera condiciones sanitarias.
“Fue una larga espera, pero creo que valió la pena”, expresó, tras agradecer a las familias por el apoyo para que lograran su objetivo.
Resaltó que en esta división no solo se dedican a los rescates en la playa, sino también hay buzos que han recuperado cuerpos o participado en búsquedas.
“También son rescatistas que en algún acantilado exponen su vida para rescatar a los que están en peligro y son aquellos paramédicos que dentro del malecón y dentro de su demarcación de Playas de Tijuana atienden a personas heridas y enfermas”, expresó.
A nombre de los graduados, Jazmín Rayo Ramírez, recordó que los entrenamientos fueron arduos, tanto en alberca, como en el mar y en tierra, donde corrían hasta 17 kilómetros.
Tenían apenas dos semanas de entrenamiento cuando llegó el COVID-19 y fue más complejo adquirir condición física.
En todo este tiempo, dijo, se han vuelto una familia y cuando alguno se atrasaba, otros lo impulsaban, por lo que se gradúan como familia.










































