Tijuana.- En su vigésimo aniversario luctuoso, el periodista Francisco Ortiz Franco fue recordado en un homenaje que concluyó con una marcha hasta la Fiscalía General de la República (FGR), por el que no hay sola persona detenida, para exigir justicia por su asesinato.
El evento, organizado por la familia de Ortiz Franco y la asociación civil Yo Sí Soy Periodista, tuvo lugar en el Centro Cultural Tijuana (Cecut) precisamente ayer sábado 22 de junio, día en que se cumplieron 20 años del asesinato del periodista, el cual sigue en la impunidad.


Por primera vez, sus tres hijos, Francisco, Andrea y Héctor tomaron el micrófono para recordar anécdotas familiares sobre el respetado periodista, pero también para compartir su dolor y alzar la voz ante la falta de justicia que los ha acompañado en estas dos décadas.
El 22 de junio de 2004, el entonces editor del periódico Zeta se encontraba con dos de sus hijos, Andrea, de ocho años y Héctor, de 11 años, a bordo de su automóvil, cuando fue asesinado en un ataque armado, a metros de la Procuraduría General de Justicia del Estado, hoy Fiscalía General del Estado (FGE).

A pesar de que contaba con escoltas, ese día no lo acompañaron. Días antes, el reconocido periodista había publicado un reportaje en Zeta sobre un grupo de sicarios del Cártel Arellano Félix que pagaron para obtener credenciales como policías ministeriales de la entonces Procuraduría General de la República (FGR).
También ese año, en 2004, y con sus conocimientos como abogado, se encontraba junto a la Sociedad Interamericana de Prensa, reabriendo el caso del asesinato del periodista y cofundador de Zeta, Héctor ‘El Gato’ Félix Miranda, suscitado en 1988.

A 20 años del asesinato de Ortiz Franco, ninguno de los asesinos, materiales ni intelectuales, ha sido detenido por las autoridades mexicanas.
Su hija Andrea, ahora de 28 años de edad y quien es docente de primaria, explicó cómo hace unos días, sus alumnos, quienes tienen la misma edad que ella tenía cuando su padre fue asesinado, le preguntaron acerca de él mientras hacían una actividad alusiva al Día del Padre.
La joven les mostró una fotografía del periodista que lleva en su celular, pero conforme avanzaron las preguntas sobre él, tuvo que tocar el tema de su muerte.

Cuando sus alumnos le preguntaron de qué murió su padre, Andrea optó por decirles que no se pudo recuperar de una parálisis facial -la cual efectivamente sufrió días antes de su asesinato-, pues no pudo compartir con ellos, a su corta edad, que había sido asesinado.
Andrea reflexionó que no pudo decirles la verdad porque “ningún niño debería estar expuesto a la crueldad que existe en el mundo”.
A su vez, continuó “eso me hizo pensar en que las personas responsables de la muerte de mi papá no tuvieron esa misma consideración con mi hermano Héctor y conmigo, quienes fuimos testigos de la crueldad que hay en este mundo desde el interior de ese carro”.

“Qué injusto que yo, a la edad de ocho años, tuve que vivir lo que viví, qué injusto que a partir de ese momento, yo no pude hacerle una manualidad a mi papá el Día del Padre, qué injusto que a pesar de los años, tenga que seguir reviviendo ese momento”, manifestó la hija más pequeña del periodista.
La joven les dijo a los presentes “quiero que sepan que el día de hoy, no les habla Andrea, de 28 años, que es maestra, les habla Andrea, de ocho años, quien ante sus ojos vio cómo su papá perdió la vida”.
Entre el público se encontraban su madre, sus tíos, primos y más familiares, así como periodistas, compañeros de trabajo de su padre y miembros de la comunidad tijuanense, quienes acudieron a brindar sus respetos al licenciado Ortiz Franco.

“Han pasado 20 años desde ese día y es importante para nosotros recalcar que cada año crece más la impotencia al no tener respuestas, al no tener la justicia que merecemos, que es nuestro derecho, ni siquiera sabemos qué fue lo que pasó”, compartió Andrea.
Por su parte, Héctor, quien estaba junto a su hermana Andrea, cuando el periodista fue asesinado, habló de cómo pasó el resto de su sexto año de primaria, cuando iba o regresaba de la escuela, viendo la esquina donde su padre fue asesinado.
Sin embargo, no es el único recordatorio de ese día que lleva consigo.
“Tengo también una serie de pequeñas marcas en mi brazo derecho, donde me cortaron fragmentos del vidrio que estalló con los disparos, aún las tengo, pequeñas marcas con una coloración ligeramente más clara que la del resto de mi piel”, confesó.

Héctor, quien al igual que su padre, se graduó de la licenciatura en Derecho, compartió el recuerdo que él y sus hermanos tienen de Francisco Ortiz Franco como un hombre íntegro y profesional.
“Estableció un estándar de conducta para mí y para mis hermanos que no siempre es fácil de seguir, sabemos que de nosotros siempre se espera más, hemos hecho lo mejor que hemos podido para honrarlo”, manifestó.
También reconoció a su madre, Gabriela Ramírez, por dedicar todo su esfuerzo en sacar adelante a sus tres hijos.
Francisco, el mayor de los hijos del periodista, compartió un anécdota sobre un fin de semana en el que su padre cambió el libro que leía para jugar fútbol junto a sus dos hijos, entrar a la alberca con su pequeña hija Andrea y después, prender el carbón y asar carne, una de sus actividades preferidas.

Francisco dijo que lleva el recuerdo de su padre siempre consigo, pues “nos enseñó que deberíamos buscar trascender más allá de nuestro núcleo, nos enseñó a dar la vida por nuestros ideales y a no ser indiferentes ante las injusticias y denunciarlas, nos enseñó con el ejemplo a través de su pluma, por eso es importante que el día de hoy estemos aquí presentes celebrando su vida y su legado”.
Por lo cual, manifestó “y que quede muy claro, cada vez que su familia tenga un micrófono enfrente, seguiremos exigiendo justicia”.
Mientras que Lauro Ortiz, hermano del periodista y quien también era periodista en Zeta cuando ocurrió el asesinato, recordó con la voz entrecortada y lágrimas, cómo el 22 de junio de 2004, recibió una llamada del entonces director del periódico, Jesús Blancornelas, para informarle que un reportero del periódico había sido baleado, por lo que le dio la encomienda de comunicarse con todos.

Mientras algunos se encontraban ya en la redacción del periódico, a otros les llamó por teléfono. Al único que no pudo contactar fue a su hermano, pero éste se encontraba de vacaciones.
Lauro, en su calidad de reportero, fue a la escena del crimen, junto a un fotógrafo del periódico, para cubrir la nota periodística.
Fue entonces que reconoció el carro de su hermano. Al acercarse, vio su cuerpo en el interior.
Lauro explicó que en ese momento, perdió la noción del tiempo.

Al recuperarse, lo primero que hizo fue llamar por teléfono a su hermana para pedirle que fuera a la casa de su madre.
“Vivía sola y estaba siempre escuchando las noticias por la radio, quise evitar que se enterara de la muerte de su hijo por otros medios y no por su familia”, narró Lauro.
De ahí, llamó a su cuñada, a quien no le dijo que había muerto, sólo que había sido herido. La tercera llamada fue para Jesús Blancornelas, a quien le confirmó “es Francisco”.
Mientras tanto, Héctor y Andrea habían sido resguardados en la casa de una vecina, quien al observar lo ocurrido, les dio refugio a los hijos del periodista.
Lauro regresó a la redacción de Zeta, donde “después de las acostumbradas condolencias de los compañeros, redacté unas líneas de los hechos, se las entregué a Don Jesús y me fui a casa de mi madre para informarle que le habían quitado la vida a Francisco”.
Tras hacer memoria de esto, Lauro también recordó que han transcurrido dos décadas de impunidad, “en que las investigaciones se quedaron empantanadas, que no avanzaron desde que la FGR ejerció la facultad de atracción y olvidó en algún archivo el expediente”.

También recordó que no hay una sola persona detenida por el crimen de su hermano.
En el evento participaron Luis Knapp, coordinador de Defensa de la asociación civil Artículo 19, así como Carlos Lauria, director ejecutivo de la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP), Balbina Flores Martínez, representante en México de Reporteros sin Fronteras y Roberto Rock, presidente de la Sociedad Interamericana de Prensa, estos tres últimos se conectaron por medio de una videoconferencia.
Luis Knapp, de Artículo 19, destacó lo importante que es mantener viva la memoria social en los crímenes de periodistas y defensores de derechos humanos.
“Hay que trabajar porque la sociedad no olvide y sepa lo que ocurrió hace 20 años y sepa lo que está ocurriendo contra las y los periodistas en México”, manifestó.

Knapp también dijo que en el caso del periodista Francisco Ortiz Franco, “escuchamos aquí con un gran sentir la voz de su familia, son los rostros concretos, los nombres concretos detrás de estas cifras de agresiones contra la prensa, de asesinatos”.
Del año 2000 a la fecha, Artículo 19 ha documentado 164 periodistas asesinados en México.
El representante de la organización también denunció la impunidad que se mantiene tanto en el caso de Ortiz Franco como en el 90% de las denuncias de delitos cometidos contra periodistas.
“De diez denuncias de delitos contra periodistas, nueve quedan en el aire, en expedientes, en tomos, en canciones, de funcionarios, de ministerios públicos, de jueces”, explicó.

Luis Knapp recordó que esta violencia e impunidad siguen colocando a México como uno de los países más peligrosos para ejercer el periodismo.
Al concluir el evento, familiares y periodistas tomaron cartulinas con consignas y salieron del Cecut para marchar varias cuadras sobre Paseo de los Héroes hasta la FGR en Zona Río.
Al frente, iba un vehículo con la corona fúnebre, seguido por Gabriela Ramírez, viuda del periodista y sus hijos, quienes llevaban el retrato de su padre.

De las oficinas de la Fiscalía, ningún representante salió a atender al contingente. Tras leer un pronunciamiento por parte de Yo Sí Soy Periodista, en el que además del reclamo de justicia, se denunció “el actuar negligente de la ahora Fiscalía General de la República (FGR) fue constatado hace más de tres años, cuando la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP) realizó una investigación del crimen de Francisco Ortiz Franco, y determinó que el expediente de la investigación de su asesinato fue extraviado en esa institución, cuyas autoridades informaron formalmente no tenerlo”.
El expediente revela además que la única investigación que se realizó por este crimen, fue la realizada por la entonces Procuraduría General de Justicia de Baja California.

“Desde Baja California les exigimos a los funcionarios federales de la Cuarta Transformación que antes que dejar sus encomiendas, cumplan con los compromisos que hicieron con la familia del periodista tijuanense asesinado”, se leyó.
Tras encender velas y colocarlas frente a la puerta principal de la delegación de la FGR en Baja California, así como dejar las cartulinas sobre las rejas con cinta adhesiva con los reclamos de justicia, familiares hablaron frente a las cámaras.

Lauro Ortiz, por ejemplo, recordó que su hermano había recibido amenazas después de publicar la investigación titulada “Más de 70 mil dólares costaron las credenciales de sicarios del CAF”, en la cual se mostraban las fotografías de los 27 delincuentes, quienes se hacían pasar como agentes federales.
También dijo que aunque tales amenazas no se hicieron públicas, él cree que la parálisis facial que su hermano sufrió luego de publicar tal reportaje, pudo ser a causa del estrés que sufrió.

Si bien, dos de los posibles perpetradores del asesinato se encuentran en prisión en Estados Unidos, ninguno ha sido procesado en México por el homicidio del periodista.
Uno de ellos es Francisco Javier Arellano Félix, “El Tigrillo” quien fue sentenciado a cadena perpetua tras declararse culpable de lavado de dinero y crimen organizado, pero recibió una reducción de 23 años de prisión.
Mientras que Manuel Arturo Villarreal Heredia “El Nalgón”, pistolero de los hermanos Arellano Félix, recibió 30 años de prisión.
El hijo del periodista Francisco Ortiz Franco, Héctor Ortiz, reconoció que “fue por la tenacidad de la Sociedad Interamericana de Prensa y otros organismos que el caso de mi padre llegó al conocimiento de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos”.

En 2021, por medio de la Sociedad Interamericana de Prensa, la familia del periodista comunicó al gobierno federal su decisión de conciliar una reparación del daño y así evitar que el caso sea presentado ante la Corte Interamericana de Derechos Humanos, lo cual dilataría “aún más la poca justicia que podemos esperar a este punto”.
Sin embargo, a tres años de ello, el gobierno federal no ha respondido a la solicitud, sumando más injusticia e indiferencia ante el crimen, “mostrando la misma indiferencia que los gobiernos que lo precedieron en esclarecer el crimen y atender los reclamos de la familia, el gremio periodístico y la sociedad en general”.

Héctor dijo que con el asesinato de Francisco Ortiz Franco, además de que a su familia les fue arrebatado un padre, esposo, hijo y hermano, “la sociedad tijuanense perdió a un valioso periodista”












































