Aunque ya no están, nunca se van: la serie fotográfica que retrata a las familias de personas desaparecidas en Tijuana

“He tratado de vivir por mi nieta y mi hijo.” Retrato de Tania Yesenia Rivera con una fotografía de ella sobrepuesta, como símbolo de su ausencia y de la memoria que permanece. Foto: Enrique Cortez

En el el Día Internacional de las Víctimas de Desapariciones Forzadas, Punto Norte publica este fotorreportaje que explora cómo familiares de personas desaparecidas llevan el proceso de aceptar la ausencia de un ser querido a lo largo de los años.

Tras documentar casos de personas desaparecidas en Tijuana y escuchar en distintas ocasiones a familiares hablar del deseo de tener un último contacto con sus seres queridos, acercarse a ellos y poder decirles cuánto los quieren, el autor pensó en el retrato como una oportunidad de que los familiares puedan converger visualmente en el mismo plano que sus seres queridos que se encuentran desaparecidos. 

Particularmente, esta serie de fotografías está inspirada en la cita de una madre buscadora, quien explicó el duelo de tener un ser querido desaparecido con la frase “No están, pero nunca se van”.

Esto deja claro que, aunque una persona pueda ser desaparecida físicamente, no ocurre así en el plano emocional.

La secuencia de imágenes se realizó utilizando la técnica de doble exposición en fotografía analógica, y la misma técnica en digital, para lograr superponer dos imágenes en una misma fotografía, intentando acercar a las personas.

“Me pregunto si ya comió, si tendrá frío, si sigue viva”

Laura es madre de Tania Yessenia Rivera, a quien busca desde el 21 de abril de 2021, cuando supo de ella por última vez. Tania Yessenia es la primera de tres hijos del matrimonio de Laura, quien recuerda que el nacimiento de su hija fue planeado y anhelado durante más de dos años por ella y por su esposo. 

Tania desapareció a los 19 años de edad y estando embarazada, después de haberse mudado a la casa de su suegra en Playas de Rosarito, Baja California. 

Cuando una persona es víctima de la desaparición forzada, no sólo se llevan a la persona, también se llevan la vida de los familiares y amigos cercanos, quienes tienen que aprender a vivir con un sentimiento de incertidumbre y de preocupación.

“He tratado de vivir por mi nieta y mi hijo.” Retrato de Tania Yesenia Rivera con una fotografía de ella sobrepuesta, como símbolo de su ausencia y de la memoria que permanece. Foto: Enrique Cortez

“Siempre pienso en ella, a veces estoy trabajando y la recuerdo, me pregunto si ya comió, si tendrá frío, si sigue viva”, dice Laura. 

La última conversación que Laura tuvo con su hija fue por medio de mensajes, cuando Tania le compartió que se vería con su pareja, quien había salido de prisión en Estados Unidos, donde estaba detenido por tráfico de drogas.

Tania le contó a su mamá que su novio le había dicho que quería hacerse cargo del hijo que esperaba Tania, sin importar que él no fuera el padre biológico. 

“A ella le gustaba mucho San Judas, por eso lo tenemos en su altar.” Fotografías de la infancia de Tania Yesenia Rivera sobrepuestas a una imagen de su Biblia en el altar familiar. Foto:Enrique Cortez

Laura le pidió que tuviera cuidado y le recordó que se trataba de una persona agresiva.

A las cinco quince de la tarde de ese miércoles 21 de abril, Tania le mandó un último mensaje a su mamá que decía: “Los amo”.

Fue lo último que Laura supo de ella. Desde ese momento, no sabe nada de su paradero.

“TAnia con mullo amor tu hermano Vidal.” Dibujo realizado por el hermano de Tania Yesenia Rivera, sobrepuesto a una fotografía de ella en su niñez. Foto: Enrique Cortez

Durante más de cuatro años, Laura y su esposo han buscado a su hija con la esperanza de encontrarla como sea, con vida o sin ella. 

“Yo sólo quisiera que me la entregaran, viva o muerta”, dice el padre de Tania con la voz quebrada. “Quisiera darle un cierre, un final digno”. Ni él ni su esposa buscan a los culpables de la desaparición de su hija, sólo la buscan a ella. 

Sandra busca a su hijo. Él desapareció el 11 de febrero de 2023 en Playas de Rosarito. Sandra fue a buscarlo dos días seguidos a su casa , pero no lo encontró. 

“Y la fe que no nos deja.” Retrato de Edgar Agustín de Luna Gastélum sobrepuesto a una imagen de su madre rezándole a San Judas Tadeo. Foto: Enrique Cortez

Cuando Edgar Agustín de Luna Gastélum desapareció, su hijo de cuatro años quedó bajo el cuidado de Sandra.

“Les decían los Juniors.” Retrato de Sandra Gastélum con una fotografía de sus hijos gemelos disfrazados para un festival escolar. Uno de ellos, Edgar Agustín de Luna Gastélum, está desaparecido desde 2023. Foto: Enrique Cortez

Ahora, además de enfrentar la desaparición de su hijo, se tiene que hacer responsable de su nieto, pues la madre del niño lo dejó con Sandra y no volvió más.

“Se te hace un nudo en la garganta.” Retrato de Sandra Gastélum sobrepuesto con imágenes de su hijo Edgar desde la infancia hasta la adultez. Foto: Enrique Cortez

“Me siguen amenazando, eso no termina. No puedes buscar en un lugar porque te llaman, que si vas para allá, que si vas para acá, te amenazan de que no lo busques y te dicen: no lo vas a encontrar”, comparte Sandra. 

Mayra también ha sido víctima de amenazas por buscar a su hija, Andrea Vidrio Angulo, quien desapareció a los 26 años, el 17 de agosto de 2024, en la colonia Progreso, en Tijuana. Después de haber sido detenida dos veces, ya no existe registro de ella.

“Antes era alegría y todo, pero como que me apagué.” Fotografía de Mayra Vidrio sobrepuesta con una imagen de su hija Andrea Vidrio Angulo, desaparecida en 2024. Foto:Enrique Cortez

A Mayra la llaman constantemente por las noches para amenazarla de muerte, en promedio dos veces por semana. En algunas ocasiones, incluso ha recibido videollamadas en las que sólo le muestran un campo, mientras una voz le advierte que deje de buscar a su hija, asegurando que ella está ahí trabajando y que, si continúa con la búsqueda, algo le podría pasar. 

“Ya dejé de buscarla, ya no la busqué.” Fotografía de la familia de Mayra Vidrio con imágenes superpuestas de Andrea Vidrio Angulo, su hija desaparecida
Foto: Enrique Cortez

Incluso su hijo menor fue amenazado por compañeros de su escuela, quienes afirmaron trabajar con “la maña”. Derivado de esto, Miriam decidió cambiarlo de la escuela.

“No es lo mismo, es como si un pedacito del corazón se te apagara”, dice Mayra intentando explicar el dolor que siente al no poder encontrar a su hija. “Me miras reír y todo, pero no es lo mismo”.

“Es mi hija, ¿cómo voy a dejar de buscarla?” Imagen de un collar sostenido por Mayra Vidrio, sobrepuesta con una fotografía de su hija Andrea Vidrio Angulo. Foto: Enrique Cortez

Raúl Cornejo busca a su hermano Óscar Cornejo, quien fue privado de la libertad dentro de su casa el día 10 de febrero de 2022.

“Acaban de levantar al Óscar”, le dijo otro de sus hermanos en una llamada para comunicarle que unas personas entraron a la casa de Óscar y se lo llevaron a la fuerza. 

“Acaban de levantar al Óscar.” Retrato de Rafael Carbajal sobrepuesto con una fotografía de su hermano Óscar Cornejo Carbajal en su infancia. Foto: Enrique Cortez

Desde entonces, Raúl fundó el colectivo de búsqueda “Enlace y Restauración en Baja California”, ayudando a otras personas a buscar a sus familiares desaparecidos. 

“La mayoría ya no quieren que sigamos buscando.” Imagen de Óscar Cornejo Carbajal sobrepuesta con una fotografía del altar creado por su hermano tras su desaparición. Foto: Enrique Cortez

En estos más de tres años, el activista asegura estar impactado del nivel de corrupción que existe entre las autoridades, pues ha sido testigo de cómo las investigaciones no avanzan para dar con el paradero de las personas, dejando una deuda con los familiares que los buscan.

Las familias de desaparecidos llegan a lugares donde nadie está dispuesto a entrar

De acuerdo a la organización civil Elementa, la Fiscalía General del Estado de Baja California reporta 17 mil 306 personas desaparecidas del 1 de diciembre de 2006 al 31 de diciembre de 2022.  

Esto significa que a nivel estatal la tasa de desaparición en el 2022 alcanzó 72.6 personas desaparecidas por cada 100 mil habitantes, una tasa mucho mayor a los picos que se registraron en 2011 y 2012. Además, a partir del 2018 los incrementos muestran una tendencia preocupante.

Por su parte, colectivos de búsqueda de personas desaparecidas tienen un registro de mil 96 personas reportadas como desaparecidas en Tijuana tan sólo en 2024. 

Sin embargo, la desaparición va mucho más que un número, cada número significa que una persona ha desaparecido: un padre, una madre, una hija, un hijo, una esposa, un esposo, una prima, un primo, una tía, un tío, una amiga o un amigo de quien no hubo oportunidad para despedidas. 

De esta manera, familiares y seres queridos de las personas desaparecidas se dedican a encontrar a sus seres queridos, excursionan en búsquedas que los llevan a lugares donde en otras circunstancias nadie estaría dispuesto a entrar y reciben llamadas de personas desconocidas con la esperanza de recibir una pista de su paradero.

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