Mexicali.- Aunque alrededor de 289 mil personas se autoadscriben como indígenas en Baja California, apenas unas 49 mil 130 hablan alguna lengua indígena, mientras que las lenguas nativas de la entidad enfrentan un escenario crítico, con cientos de hablantes y, en algunos casos, apenas unas decenas.
En el marco del Día Internacional de los Pueblos Indígenas, que se conmemora este domingo 9 de agosto, el investigador en derechos político-electorales de los pueblos y comunidades indígenas, Jonathan Gómez Molina, señaló que estos números reflejan la necesidad de impulsar una política de Estado que permita revitalizar las lenguas originarias y garantizar su transmisión a las nuevas generaciones.

El experto explicó que Baja California es un caso particular a nivel nacional debido a la diversidad cultural y lingüística generada, entre otros factores, por los procesos de migración interna.
De acuerdo con el Instituto Nacional de Lenguas Indígenas (INALI), en Baja California se hablan 64 de las 68 lenguas registradas a nivel nacional, afirmó.

Sin embargo, existe una marcada concentración en algunas lenguas de pueblos residentes, principalmente el Tu’un Savi o mixteco, el cual es usado por 43% de los hablante, seguido por el zapoteco con 12%, además del náhuatl, triqui, tzotzil, purépecha y tzeltal.
En conjunto, estas siete lenguas son usadas por el 82% de las personas que hablan alguna lengua indígena en Baja California.
En contraste, las lenguas de los pueblos nativos de la entidad presentan una reducción considerable en el número de hablantes.
La kumiai es la más hablada, con 488 personas. Le sigue la paipai, con 226; la cucapá, con 124, y la kiliwa, con apenas 58 hablantes, de acuerdo con datos del último censo del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI).
“Estamos hablando que entre estas lenguas no concentran más del 4% de los hablantes en la entidad”, añadió.
Gómez Molina señaló que, al sumar las lenguas de los pueblos nativos, se obtiene una cifra aproximada de 880 hablantes en Baja California, aunque advirtió que, en la práctica, el número puede ser todavía menor.
Además de que buena parte de quienes conservan estas lenguas son personas de edad avanzada.
Ante este escenario, consideró que la revitalización de las lenguas debe convertirse en una política de Estado, con presupuesto y programas que permitan que quienes todavía hablan estas lenguas puedan enseñarlas dentro de sus propias comunidades.
“Sí considero que tiene que ser una política de Estado, se necesita más representación de los pueblos indígenas para que precisamente empujen esta agenda” sostuvo.
El especialista señaló que, en Baja California, se tuvo un primer avance luego de que el Congreso del Estado modificara la Ley de Educación para establecer la enseñanza de lenguas indígenas en las escuelas de educación básica.
Otro paso importante, a nivel nacional, ha sido la creación de un catálogo nacional de pueblos y comunidades indígenas y afromexicanas, que permitirá identificar a sus comunidades, hablantes, autoridades y sistemas normativos.
Esto, dijo, servirá como base para diseñar programas destinados a revitalizar las lenguas indígenas.
No obstante, Gómez Molina señaló que todavía falta desarrollar la estructura necesaria para cumplir con esta disposición, además de contratar a personas de las propias comunidades que dominen las lenguas y puedan transmitirlas a las nuevas generaciones.
“Lo que falta es que en la agenda pública se jerarquice, se tome como un tema prioritario y se le asigne el presupuesto, porque si decimos que es importante pero monetariamente no le damos la importancia, difícilmente va a ser un tema que se va a atender”, agregó.
Consideró que también debe aprovecharse la presencia de la Universidad Intercultural en San Quintín, donde ya existen cursos de lenguas indígenas, aunque nuevamente se requiere de apoyos para contar con docentes y generar un mayor interés entre los estudiantes.
Finalmente, estimó que en los próximos 10 o 15 años todavía existe la posibilidad de lograr una revitalización de las lenguas indígenas y evitar que continúen en desuso, principalmente por el interés que han mostrado las nuevas generaciones en conocer su cultura, identidad y pasado.















































